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Por aquello de que “la primera impresión es la que cuenta”...sabés de qué hablo. Tu departamento de Selección trabajó mucho para capturar ese TALENTO – y tu objetivo es que no se vaya -. Y lo que te contaré ahora es una manera de defenderte contra su rotación mental y física.
Por eso quiero que te disciplines, como Jefe, Dueño o Director del Área, y reserves un espacio de agenda – 20′ – para conversar con la persona que ingresó, a los 15 y a los 30 días de su primer día.
Y que sea algo así lo que suceda:
Luego de unas preguntas generales (del tipo: cómo va todo? cómo fueron estas semanas? todo bien con la notebook que te dieron? Visitaste ya la Planta?…), es tiempo de que hagas preguntas que te ayuden a medir en qué medida la ‘cultura’ que definiste para tu equipo se percibe, a los ojos de alguien nuevo…
Comenzá con estas cinco (que son más generales) y los 15 días reunite de nuevo y conversá sobre las otras 5 (que te darán un buen termómetro de la manera de operar y los valores presentes…). Recordá que tu intención es POSITIVA – y quiero que la mantengas así -, para construir CONFIANZA. No llegues a utilizar esto para capturar información de radio-pasillo. Y no pongas a la persona en el lugar de hablar mal de colegas, o te costará muchísimo después generar el hábito de mantener buenas conversaciones -.
Este músculo inicial conversacional, contiene las mismas fibras que las que se necesitan para dar un buen feedback. Buenas preguntas, ahí está la diferencia…
Venite a la 2da Clínica de Feedback | WORKSHOP ABIERTO (no importa la edad, posición o empresa) del 9 DE MAYO para aprender a dar buen feedback y agregarle la cuota de HUMOR que te posibilita también pensarlo desde otro lugar. Te esperamos, habrá de estas técnicas y muchas más:
http://www.alejandrodelobelle.com/clinica-de-feedback
Alejandro
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Por ejemplo…
Juan es un manager que prefiere que dos personas talentosas de su equipo se den cuenta, por si mismos, de lo mal preparados que estuvieron en la última ‘call’ que tuvieron con clientes del extranjero: dejaron librados muchos detalles al azar, se notó improvisación y la espontaneidad brilló por sobre la planificación.
Adivina entonces qué hará Juan inmediatamente a la reunión… ABSOLUTAMENTE NADA.
Esperará a que los planetas se alineen solos. Y eso pasa cada 200 años aproximadamente…
Vamos a decir entonces que la PRIORIDAD con la que opera este manager es la COMODIDAD: prefiere que su gente se dé cuenta por si misma de su falta de asertividad y organización en la negociación que acaba de terminar y, espera que en la próxima reunión estén más preparados. Para él, actuar así siempre será mejor que la incomodidad de tener que decirles lo que acaba de presenciar y – en última instancia – de molestarle. Es decir, prefiere evitar el dolor emocional y la tensión nerviosa que le genera ese roce, mientras mantenga las relaciones confortables…
La Jefa de Juan, por otro lado, no está de acuerdo. Ella estuvo en la reunión y vio lo evidente que fue la falta de preparación / timing del equipo de Juan, que podría haber costado un negocio estratégico para la compañía. Podría coincidir con él en que ‘el tiempo ayuda’, pero es de la que consideran que la proactividad, la anticipación y la organización son habilidades entrenables en las que no se puede dar ventaja.
La PRIORIDAD de Clara, por lo tanto, es el CONTROL. Para ella todo tiene que estar muy definido y no ‘tolera’ que ninguna de estas 2 personas (ni nadie) se presente a un importante llamado telefónico desconociendo lo que se habló previamente y lo que se busca en esa instancia en particular. Ella cree que estar en control de uno mismo y de la situación es una forma de evitar errores, prepararse y no dejar nada librado al azar.
Digo, en este caso hipotético (bueno, más real que hipotético) es donde el feedback debe interrumpir positivamente para torcer el rumbo de la inercia.
Juan tiene que conversar con su gente sobre su desempeño (cosa que no le agrada per se) pero si Clara antes conversa con él (de mala manera porque lo que presenció fue inadmisible para ella) él estará transmitiendo, encima, la mala onda (presión / advertencia / ultimátum) que recibió. Por lo tanto, ‘pobre’ Juan, su tarea como Jefe será un calvario. Y no tiene un sola call, no tiene un solo jefe, no tiene solo 2 personas en su equipo y no es el único objetivo que debe alcanzar.
¿Querés aprender qué secuencia debería seguir Juan, cómo debería organizar su feedback y qué acciones tomar para hacer un buen seguimiento, considerando también los estilos personales que cada uno tenemos?
Porque esto es una cuestión de salud, de efectividad y de liderazgo. Y el humor te ayuda a pensar. Saquemos a Juan del lugar de ‘pobre’, no lo es.
Alejandro
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El Dilema del Feedback | ¿Cómo se le da feedback a un colega del propio equipo?
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Aquí va el Dilema:
“Si le digo lo que estoy pensando – tal como lo estoy pensando – casi seguro ‘pudriré’ la buena relación que teníamos hasta ahora y, muy posiblemente se termine desmotivando, con lo que al final estará él más lejos de lograr su objetivo y yo el resultado que busco…
Pero si NO le digo lo que estoy pensando seguirá cometiendo el mismo error, continuará manteniendo el mismo comportamiento y, lo que no me gusta, yo no estaría actuando desde mi rol de líder…
¿Qué hago?
Vamos por partes.
Lo primero es venir a nuestra 2da Clínica de Feedback con Humor, el Martes 9 de Mayo (hacé click ACÁ para más info).
Lo segundo, pensar que hay un PATRÓN que cruza todas las frases de arriba:
(sigo?)
El humor ayuda a tomar distancia de ciertas situaciones (como las de arriba) – y vamos a aprender cómo utilizarlo a tu favor, mientras seguís una secuencia de feedback efectiva -.
Aún quedan lugares para el workshop – y queremos que estés ahí!
Seguimos en contacto,
Alejandro

Tiene 2 atributos que me sedujeron en su momento:
En resumen, estos son los 3 pasos:
Pero dejame que te contemos cómo conectarla con otros de tus hábitos y prácticas, en la 2da Clínica de Feedback CON HUMOR!, que llevaremos a cabo con mi colega Jorge Libman, el próximo 9 de Mayo.
Será un taller abierto, de esos en los que compartís experiencias con otros colegas, en donde llevarse un puñado de técnicas simples amortizan toda inversión.
Y es ideal para jefes y aquellos que tienen o tendrán pronto gente a su cargo.
¿Nos vemos ahí? Te espero, reserva tu lugar ahora (solo 15 lugares)
Alejandro
Pd. saber dar feedback con HUMOR, hacia arriba, hacia abajo y hacia los costados (así como a nosotros mismos – ya que a veces este es el más duro), también requiere técnica, para hacerlo bien (a veces es un tema de EGO, como en el dibujo de arriba…)


Aunque no lo hayas notado aún, cada vez que un Autor escribe un nuevo artículo de management o ensaya algún nuevo modelo de negocios, lo que te está pidiendo – indirectamente – es que jaquees algunas de tus creencias al respecto, te animes a testear esa fórmula y adoptes, de a poco, esa práctica, ya que al parecer dio buenos resultados en otros contextos y podría facilitarte tu gestión.
En otras palabras, si el autor te inspira de tal manera que logra instalar ese modelo en tu pensamiento, tu cerebro lo ejecutará cuando estés frente al estímulo que lo origina y, al liberar la acción consecuente (tu comportamiento) el resultado podría traducirse en algo mejor que tu comportamiento original.
Lo lindo es que, si eso realmente sucede, vas a querer replicarlo. Una y otra vez. Y al cabo de un tiempo, sin que te des cuenta, habrás desarrollado un hábito. Y ya sabes, la calidad de tus hábitos determina tu calidad de vida – y eso incluye al trabajo. Es más, el entramado de hábitos que ya adoptaste (que funciona como tu GPS interno) fueron los precursores e impulsores de tus resultados actuales.
Sí y no.
“Sí” si querés mantenerlos.
Y “no” porque existe la posibilidad de re-escribir esos hábitos. ¿O pensás que ‘naciste’ con ellos?
Los científicos que estudian la neurociencia, nos aseguran que los hábitos se forman y operan de manera separada (a la memoria, por ejemplo) por lo que podemos ‘aislarlos y trabajarlos’.
Recordá que a nuestro cerebro le encanta – por lo que busca constantemente – ahorrar esfuerzo, por lo que los hábitos son su canal privilegiado para hacerlo; funciona así: el cerebro registra secuencias de acciones para convertirlas en rutinas automáticas. Cuando lo hace ‘voilá!, el hábito fue generado. Por ejemplo, para hacer una comida que te saque de apuro, para sacar entradas al cine, para estacionar tu auto o para preparar el desayuno de tu hij@s, ya tenés definida la secuencia. Así, el objetivo fundamental del hábito: ahorrarte tiempo.
A esto quería llegar. Cómo líder, de ventas, de logística, de marketing o del área en la que estés, tus buenos hábitos irán desarrollando en paralelo, las competencias que figuran en tu Descripción de Puesto.
Ok Ale, pero ¿cómo se crea un hábito o se modifica el ‘malo’?
En su libro “El Poder de los Hábitos”, Charles Duhigg establece los tres elementos que interactúan para ‘construir’ un hábito: pista, rutina y recompensa.
Dos cosas aquí: por un lado, comprendamos el ciclo y, por otro, preguntémonos que BENEFICIOS tendría que apliques esta secuencia.
En forma muy simple, funciona así: cualquier PISTA o evento capturado por nuestro cerebro – llamalo un reporte que llega del jefe, la hora del almuerzo, una discusión entre colegas, etc. – , construye un estímulo (casi una orden) que hace que el cerebro entienda que el segundo paso de la secuencia debe comenzar: la RUTINA. Cuando dicha rutina – entendida como una serie de acciones que constituyen tu comportamiento – tuvo lugar, tu cerebro percibe una sensación de RECOMPENSA que te hace sentir bien y, así, el cerebro comprende que el proceso ‘funcionó’ y comenzará a replicarlo hasta que lo ‘institucionalices’.
Y listo: ahí tenés el hábito en acción.
Imaginá que querés cambiar el hábito de HACERTE CARGO DE TODO, por alguna otra alternativa menos estresante, más positiva, más efectiva (para tu salud y los resultados) a largo plazo.
Acá suceden 2 cosas en paralelo: por un lado tu corazón pide a los gritos que te apoyes más en tu gente, sea porque sentís algo de culpa (por no estar actuando como un líder – y tu responsabilidad es generar más líderes), o porque no querés sobrecargarte más (ya tu médico te lo advirtió…) o porque tu gente ya te pidió varias veces que les des más autonomía (y la autonomía es uno de los 3 elementos de la motivación)…; cualquiera sea el motivo que la emoción manifiesta, el corazón suele preguntarle al cerebro – antes de mandarse solo – si el esfuerzo de cambiar lo que se venía haciendo vale la pena. Y ahí es donde el cerebro, siempre apuntando a la seguridad, se expresa y te dice: “hey bro, porque cambiar esto que nos viene dando resultado por algo que, quizás, haya que esperar un tiempo para poder ver los beneficios… mejor, vamos a lo seguro!”. Falta que te pregunte qué sigue después? Ok. Nada cambia.
¿Cómo hacer para ganar esa batalla interna?
Bueno, va el secreto: te acordás de los 3 elementos que conformaban el ciclo del hábito? Bien, tenés que saber que no podés cambiar los múltiples estímulos que originan el ciclo, ni tampoco las sensaciones que provocan las recompensas, pero sí la RUTINA.
Es decir, que tenés que cambiar la rutina original (el hacerte cargo por todo) por algo que también te genere recompensas, iguales o mayores a las originales. Cuando eso sucede, un nuevo circuito neuronal comienza a crearse y, así, la génesis del nuevo hábito está en marcha. Solo te resta ahora DESEAR expresamente volver a sentir esa recompensa nueva, muchas veces, más de 100, para que el proceso se instale en vos y el ‘castigar’ sea parte de la historia…
Antes de seguir: acordate que el cerebro no distingue si un hábito es bueno o malo (por eso no te avisó hasta ahora!), tan solo lo repite para ahorrarte trabajo.
Vamos a cambiar entonces: pasaremos…
De: la recepción de un trabajo (pista), que genera la decisión de hacerlo vos mismo (acción) y genera la tranquilidad de que ‘seguro va a hacer hecho’ (recompensa) a la misma recepción del trabajo (pista), que genera una alternativa al hacerlo uno mismo (acción) y que nos genera, no solo el trabajo bien hecho sino también la satisfacción a largo plazo de estar liderando como corresponde (recompensa).
Aquí van algunas ideas:
Por último, y tan importante como el DESEO de que esto se sostenga en el tiempo, se replique y se convierta en hábito, es el PLANIFICAR (anticipadamente) las respuestas que darás cuando, por ejemplo, tu jefe, un colega o alguien de tu equipo te pida algo más. Saber decir que NO es un buen hábito, por ejemplo. Esto busca que te prepares mentalmente para aplicar la técnica, cuando la ‘pista’ se manifieste.
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Y no es casualidad que te haya traído este ejemplo de la Delegación. Es ‘el’ hábito que uno de mis últimos jefes cambió y que hizo que yo tuviera de ocuparme de algunas tareas que, al día de hoy, se lo agradezco (por ejemplo, los mensajes de Comunicación Interna). Si no lo hubiera hecho, si hubiera seguido ocupándose el mismo de ese tema, yo no hubiera desarrollado esta competencia, él no hubiera tenido el tiempo para pensar en grande, a nivel regional, y la organización habría perdido a dos colaboradores operando a su máximo nivel de ‘flow’. Y esto lo dejo para la próxima.
¿Quedó claro? Te sirvió? Me gustaría escuchar tus comentarios.
Buena semana!
Alejandro
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